
A mediados de los años 70, un joven de melena y barba largas recorría Tenerife y Gran Canaria por caminos de tierra, muchos intransitables, llamando a casas de campo y pueblos apartados. Buscaba perros de presa. Se llamaba Manuel Curtó Gracia, y aquella obsesión —recuperar un perro que ya casi no existía— acabaría dando origen al Presa Canario moderno y al criadero Irema Curtó.
La respuesta que recibía era casi siempre la misma: «No, por aquí ya no quedan perros de esos.»
Un domingo en el Camino Guillén
Así conoció a Gabino Rodríguez Gil, que vivía al pie del Camino Guillén —el mismo lugar donde hoy sigue Irema Curtó—, a pocos pasos de la casa de Pancho «El Rey». Gabino, hombre conversador, lo recibió con un vasito de vino de garrafón. Su esposa, doña Carmen, era una mujer invidente, madre de seis hijos, que pelaba papas y cocinaba para toda la familia sin ver, siempre de buen humor y con historias que contar. «Doña Carmen era feliz», escribiría Curtó. Con su fino oído, ella fue la que notó enseguida que aquel visitante hablaba con acento peninsular: «Pero usted no es de aquí, ¿verdad?»
Perro de presa, ya no tenían. Habían tenido uno, «uno muy bueno, sí señor». Se llamaba Bocanegra.
Bocanegra
Era un perro de presa colorado con la boca negra —de ahí el nombre—, de unos cincuenta kilos, cabeza grande y pecho ancho. Le llegaba a la rodilla a Gabino, que medía un metro sesenta y ocho. Lo habían criado con leche de vaca y las sobras de la comida, y siempre estaba gordo. Los niños de la casa «se montaban en él como si fuera un burro».
Pero doña Carmen puntualizaba: Bocanegra era muy entendido —en Canarias, «muy entendido» quiere decir muy inteligente y que aprende fácil—. La gente podía pasar cerca de las vacas, que no hacía daño a nadie; pero a quien se le ocurriera entrar en la cuadra o en la casa sin permiso, Bocanegra «se levantaba, se plantaba y pegaba cuatro bocinazos que asustaban a cualquiera».
El perro que sacaba las vacas al pasto
Lo mejor lo contó el propio Gabino, pasándose la mano por la frente para ordenar los recuerdos. Bocanegra sacaba las vacas de la cuadra él solo, a medida que se las iban soltando. Se ponía detrás, las empujaba con el morro cuando se entretenían con la yerba del camino, y las llevaba hasta el pasto. Allí se quedaba con ellas casi todo el día, y a la hora en punto las traía de vuelta para el ordeño.
«Claro que eso tiene su explicación», decía Gabino: desde pequeño lo llevaban con las vacas, día tras día, hasta que se le convirtió en rutina. De viejo, cuando ya le costaba caminar, se quedaba echado y dejaba que las vacas fueran solas —y entonces tenía que acompañarlas alguno de la familia—. «La verdad es que ese perro nos hizo un gran servicio.»
No hubo otro. «No eran fáciles de conseguir», se disculpaba Gabino. «No vaya a creer que todo el mundo tenía perros de esos.»
Por qué esta escena lo explica todo
La historia de Bocanegra no es folclore. Es la prueba, contada por quien lo vivió, de dos verdades incómodas para la leyenda romántica:
- En los años 70 el auténtico perro de presa ya era pasado. Curtó lo buscó por todas las islas y apenas encontró recuerdos. Por eso la raza tuvo que reconstruirse casi desde cero, con muy pocos ejemplares de base y la sangre del Perro de Ganado Majorero.
- El valor del perro de presa era funcional, no de exposición: guarda y manejo de ganado vacuno. Un Bocanegra no ganaba concursos; hacía un trabajo. Ese instinto de guarda natural es lo que un criador serio se empeña en conservar hoy, y lo que se pierde cuando solo se cría para el show.
Antes de los años 70 no se hablaba de «Presa Canario» como raza: se decía perro de presa, a secas. Bocanegra fue uno de los últimos de aquella estirpe rural. Su historia, y la de doña Carmen y Gabino, está en el libro «El Perro de Presa Canario, su verdadero origen» de Manuel Curtó Gracia. Ahí lo tienes.
Preguntas frecuentes
Lo que más nos preguntan
- ¿Quedaban perros de presa en Canarias en los años 70?
- Muy pocos, y casi ninguno auténtico. Manuel Curtó Gracia recorrió las islas a mediados de los 70 buscándolos y la respuesta era casi siempre la misma: «Por aquí ya no quedan perros de esos». El viejo perro de presa había desaparecido con la prohibición de las peleas y la moda del pastor alemán; lo que quedaba eran recuerdos y algún mestizo. Esa escasez es la razón por la que el Presa Canario tuvo que reconstruirse casi desde cero.
- ¿Quién fue Gabino Rodríguez Gil?
- Un agricultor y ganadero que vivía al pie del Camino Guillén, entre El Ortigal y El Ortigal de Arriba (Tenerife), a pocos pasos de Pancho «El Rey». Curtó lo conoció un domingo buscando perros de presa. Gabino ya no tenía ninguno, pero había tenido uno excepcional: Bocanegra. Su testimonio, y el de su esposa doña Carmen, es uno de los retratos de la Canarias rural que recoge el libro de Curtó.
- ¿Cómo era Bocanegra?
- Un perro de presa colorado con la boca negra —de ahí el nombre—, de unos cincuenta kilos, cabeza grande y pecho ancho. Le llegaba a la rodilla a Gabino, que medía 1,68 m. Lo criaron con leche de vaca y sobras de comida. Los niños se montaban en él como en un burro, pero nadie osaba entrar en la cuadra ni en la casa sin permiso.
- ¿Es verdad que Bocanegra manejaba las vacas él solo?
- Según Gabino y doña Carmen, sí. Bocanegra sacaba las vacas de la cuadra a medida que se las iban soltando, se ponía detrás y las empujaba con el morro hasta el pasto, se quedaba con ellas casi todo el día y a su hora las traía de vuelta para el ordeño. De viejo, cuando ya le costaba caminar, dejaba que fueran solas. No es un cuento fantástico: es la función real de guarda y manejo de ganado para la que servía el perro de presa.
- ¿Por qué importa esta historia para entender el Presa Canario?
- Porque demuestra dos cosas: que en los años 70 el auténtico perro de presa ya era cosa del pasado, y que su valor real era funcional (guarda y manejo de ganado vacuno), no de exposición. Recuperar la raza no fue rescatar algo vivo, sino reconstruir un tipo casi perdido con paciencia, selección y la sangre del Perro de Ganado Majorero.
Del libro
Esto es solo una parte de la historia
Muchos de nuestros artículos nacen de «El Perro de Presa Canario, su verdadero origen», el libro de Manuel Curtó Gracia: 450 páginas de historia, documentos y polémica sobre la raza.
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