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Historia· 7 min

El Club Español del Presa Canario: la historia que casi nadie cuenta

Nora de Irema Curtó, Perro de Presa Canario

Hay una versión bonita de la historia del Perro de Presa Canario —la de la raza milenaria que sobrevivió intacta— y hay una versión verdadera. La verdadera la vivió, y la escribió, Manuel Curtó Gracia, fundador de Irema Curtó. Es menos épica, pero mucho más interesante.

1982: casi nadie sabía qué era

El 13 de mayo de 1982, el diario El Día de Santa Cruz de Tenerife publicó íntegro un trabajo titulado «Perros de Presa Canarios». Lo firmaba Curtó. En febrero de 1983 apareció resumido en la revista El Mundo del Perro (Madrid), bajo un título que ya lo decía todo: «Un producto de las peleas: Perro de Presa Canario».

Conviene entender el momento. En aquellas fechas los aficionados a los perros de presa canarios eran poquísimos, y prácticamente nada se sabía de ellos ni de su origen. Como reconoce el propio autor, «apenas existían perros de presa canarios dignos de tal nombre, esa es la verdad y no otra». La mayoría de la afición actual ni siquiera recuerda cómo eran aquellos perros; muchos no habían nacido.

Y una confesión que vale oro, porque casi nadie se atreve a hacerla: nadie sabe cuándo se extinguió el antiguo perro de presa, el de origen español. ¿A finales del XIX? ¿A principios del XX? Nadie lo sabe. Lo que Curtó encontró recorriendo las islas a principios de los 70 no eran presas de verdad, sino mestizos recientes de Bulldog inglés, Dogo alemán y Bóxer a los que se llamaba «perros de presa» a secas.

La honestidad de rectificar

Hay un detalle que dice mucho del personaje. Años después de aquel primer trabajo, Curtó estudió los Acuerdos de los Cabildos de Tenerife y Betancuria y las Ordenanzas —los documentos que prueban el origen español de los perros de presa en Canarias—. Y admitió sin rodeos que, de haberlos conocido antes, «no hubiera escrito Los Perros de Presa Canarios, o habría escrito algo distinto, con más base histórica».

Eso es lo contrario del vendedor de humo. El que fabrica una leyenda no rectifica nunca; el que busca la verdad, sí.

El club, y por qué el orden importaba

A mediados de los 80, un aficionado llamado Manuel Martín Bethencourt —que llegaría a ser secretario del Club Español del Perro de Presa Canario— venía con frecuencia a casa de Curtó a preguntarle qué era eso del perro de presa. Se entusiasmaba cuando le oía decir que había que recuperar la raza costara lo que costase, aunque hiciera falta echar mano de algún ejemplar foráneo para cruzar. Y enseguida planteó lo del club.

La postura de Curtó era clara, y el tiempo le dio la razón: primero criar, seleccionar, cruzar si es preciso y fijar una base genética lo más amplia posible con los perros que quedaban en las dos provincias; después, el club. Fundarlo antes, sin ejemplares de tipicidad reconocida, era «hacer el ridículo frente a los jueces oficiales en las exposiciones».

El club se fundó igualmente, deprisa y corriendo, por otro grupo de aficionados. Y las disputas internas fueron, en palabras del propio Curtó, «tremebundas». Se formaron grupitos, y buena parte de los criadores serios —con sus perros— se quedaron fuera. La lección que él repetía: «Lo difícil es la constancia en la cría, la selección, y vuelta a empezar. Y lo fácil es dejarse llevar por el afán de figurar.»

La huella que queda en las genealogías

Aquí está lo que ningún relato oficial cuenta, y que las genealogías demuestran solas. El secretario del club, Martín Bethencourt, «aprendió sus primeras letras caninas» con Curtó y se llevó de su casa sus primeros perros de presa: Maján de Irema Curtó (hijo de Tamay de Irema Curtó y Felo), Teguise de Irema Curtó, y hermanos suyos como Campeón o Tinguaro de Irema Curtó.

La frase de Curtó no admite discusión, porque es verificable: «De estos perros, y algunos más del afijo Irema Curtó, descienden la mayoría de los perros de presa de Tenerife. No hay más que estudiar sus árboles genealógicos.»

Por eso, cuando hoy se habla del reconocimiento oficial de 1989 y de los estándares de la raza, conviene recordar quién estaba criando, escribiendo y peleando por el perro años antes de que hubiera club, estándar o campeones. No es un detalle de vanidad: es la diferencia entre un criador de verdad y uno que se apunta a lo ya hecho.

Toda esta historia, con nombres, fechas y sus recortes de prensa originales, está en el libro «El Perro de Presa Canario, su verdadero origen» de Manuel Curtó Gracia. Ahí lo tienes.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan

¿Quién empezó a divulgar el Perro de Presa Canario?
Manuel Curtó Gracia (fundador de Irema Curtó) publicó «Perros de Presa Canarios» íntegramente el 13 de mayo de 1982 en el diario El Día de Santa Cruz de Tenerife, y en febrero de 1983 —resumido— en la revista El Mundo del Perro de Madrid. Eran de los primerísimos textos sobre la raza: en aquellas fechas casi nadie sabía qué era el perro de presa canario ni de dónde venía, y apenas quedaban ejemplares dignos de tal nombre.
¿Cuándo se extinguió el antiguo perro de presa canario?
Nadie lo sabe con exactitud. El propio Curtó lo reconoce con honestidad: el antiguo perro de presa, de origen español, pudo desaparecer a finales del siglo XIX o a principios del XX. Lo que él encontró a principios de los años 70 no eran ya presas de verdad, sino mestizos recientes de Bulldog inglés, Dogo alemán o Bóxer a los que la gente llamaba «perros de presa» a secas.
¿Por qué Curtó no fundó él el Club Español del Perro de Presa Canario?
Porque para él lo urgente era otra cosa: primero criar, seleccionar y fijar una base genética amplia con los pocos ejemplares que quedaban en Gran Canaria y Tenerife, y solo después fundar el club. Fundarlo antes de tener perros de tipicidad reconocida, decía, era hacer el ridículo frente a los jueces oficiales. El club se acabó fundando deprisa por otro grupo, y las disputas internas le dieron la razón.
¿Es cierto que muchos presas de Tenerife descienden de los perros de Irema Curtó?
Sí, y basta con estudiar sus árboles genealógicos. El que fue secretario del club, Manuel Martín Bethencourt, aprendió con Curtó y se llevó de su casa sus primeros perros de presa (Maján de Irema Curtó, Teguise de Irema Curtó y otros). De esos ejemplares del afijo Irema Curtó, y de algunos más, desciende buena parte de los perros de presa de Tenerife.
¿El «perro de presa» del pasado y el Presa Canario de hoy son lo mismo?
No exactamente. Antes de los años 70 se hablaba del «perro de presa» a secas: un tipo de perro, no una raza reconocida. El viejo perro de presa español se perdió. El Presa Canario como raza es una reconstrucción posterior, levantada desde los 70 recuperando aquel tipo y apoyándose en el Perro de Ganado Majorero. No es la supervivencia de un perro antiguo intacto: es una raza nueva y honesta.

Del libro

Esto es solo una parte de la historia

Muchos de nuestros artículos nacen de «El Perro de Presa Canario, su verdadero origen», el libro de Manuel Curtó Gracia: 450 páginas de historia, documentos y polémica sobre la raza.

Ver el libro

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Hablemos sobre nuestras camadas y nuestro modo de criar.