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Convivencia· 6 min

Guanche, el presa indomable: cómo se gana uno la confianza de un perro dominante

Quianna de Irema Curtó, Perro de Presa Canario

A Manuel Curtó Gracia, primer adiestrador profesional de Tenerife, le llevaron a lo largo de su vida muchos perros difíciles. Ninguno como Guanche. Su historia es la mejor clase que existe sobre cómo tratar a un perro de presa dominante: sin fuerza, con paciencia y con palabra.

Un perro que daba miedo a su propio dueño

Guanche se había criado suelto y a su aire en la finca de un farmacéutico, silvestre, y era tan temperamental que en casa le habían cogido miedo; más de una vez pensaron en regalárselo a alguien. Alguien les recomendó, en cambio, llevarlo a adiestrar.

Cuando lo bajaron del coche, el encargado apenas podía con él: «¡Casi lo engancha!». El farmacéutico, rojo de nervios, quería llevárselo otra vez. Curtó lo observó con calma. Era imponente: bardino calzado de blanco, compacto de delante atrás, de mediana estatura, bien aplomado, cabeza proporcionada, ojos grandes, la depresión naso-frontal apenas perceptible «como debe ser», y un ligero prognatismo. «Qué pena que no sea mío», pensó. Metido en el canil, Guanche le rugía como un león.

Curtó dijo lo de siempre: déjenlo, y vuelvan dentro de un mes.

El método: sentarse y hablar

Aquí está la lección. Curtó no entró a la fuerza, no usó la correa, no lo sometió. Hizo algo que repetía con perros y caballos: hablarles como si fueran personas, entablar un diálogo, y mientras tanto observarlos —sus movimientos, sus miradas—.

Cogió una silla, se sentó frente a la puerta del canil, muy cerca, y le habló. Guanche le ladraba desaforadamente, mordía los barrotes, le salpicaba la ropa de baba, lo fulminaba «de soslayo con su mirada de enemigo convencido». Los primeros días ni siquiera pudo entrar a darle de comer ni a limpiar la perrera: el perro no le dejaba acercarse. Diez minutos cada mañana. Nada.

Pero Curtó insistió, sin prisa. Cuarto día: al cabo de unos minutos notó en la mirada de Guanche «la luz de la inteligencia». Buen síntoma. Siguió hablándole «como a un amigo de toda la vida» y vio en el rabo una oscilación mínima, apenas perceptible, pero real. Quinto día: le habló del tiempo, de sus gustos, de sus problemas, de lo poco que sabemos de la naturaleza y de nosotros mismos. Y, poco a poco, Guanche mudó de actitud: movió el rabo de un lado a otro y lo miró «con cierta dulzura en los ojos».

Ya está, pensó. Se levantó despacio, le acercó la mano para que la oliera, cogió un cubo con agua —por delante, «por si acaso»— y entró. Guanche se apartó un paso, movió el rabo, y bebió. Curtó le puso una correa y lo sacó a pasear: el pobre animal ni sabía caminar al pie. Limpió el canil con él dentro, le llevó la comida y se quedó de pie a un paso mientras el perro comía, mirándolo de reojo sin levantar la cabeza.

El resultado

A los dos meses, el farmacéutico se llevó a su finca de Güímar un perro «obediente, disciplinado, bajo control». El mismo animal al que temían.

El veredicto de Curtó es contundente: «Guanche fue el mejor perro de presa (ajeno) que he adiestrado. Inteligente, atento, de fácil comprensión, equilibrado, valiente en la defensa, en el ataque, decidido en la persecución, con un instinto de guarda extraordinario. Yo quisiera que todos mis perros tuvieran esas cualidades.»

Lo que Guanche te enseña a ti

Que un perro de presa temperamental no es un perro agresivo. Guanche era seguro de sí mismo y desconfiado, no un perro tarado. La agresividad sin causa es una patología que se descarta en la cría; el temperamento y el coraje son virtudes de la raza.

Y que a un perro dominante la confianza se le gana, no se le impone. El principio de Curtó —el mismo que predicaba el viejo Pancho «El Rey»— es que «el perro bien enseñado nunca toma la iniciativa, ésta la toma el amo». Liderazgo tranquilo, rutina y paciencia; nunca fuerza bruta.

Un aviso honesto, eso sí: Curtó era un profesional que sabía leer a cada animal. Si tu perro llega a la agresividad o te supera, no juegues al domador: la paciencia y la calma del día a día son tuyas, pero ante cualquier conducta de riesgo acude a un adiestrador serio. Un Presa Canario bien llevado es un compañero extraordinario; mal gestionado, no es un juguete.

Esta historia, y muchas otras del oficio, están en el libro «El Perro de Presa Canario, su verdadero origen» de Manuel Curtó Gracia. Ahí lo tienes.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan

¿Cómo se gana uno la confianza de un Presa Canario dominante?
Con paciencia y sin fuerza. El método de Manuel Curtó Gracia con Guanche —el perro de presa más difícil que adiestró— fue sentarse frente a su perrera día tras día y hablarle con calma, en tono cariñoso, como si fuera una persona, sin mirarle de frente para no desafiarlo. Tardó cuatro o cinco días en ver «la luz de la inteligencia» en su mirada y el primer movimiento amistoso del rabo. Solo entonces entró, con un cubo de agua por delante por precaución, y se lo ganó. La confianza de un perro seguro de sí mismo se conquista, no se impone.
¿Quién era Guanche?
Un perro de presa bardino calzado de blanco, imponente, de mediana estatura y muy compacto, con ojos grandes y un ligero prognatismo. Se había criado suelto y a su aire en la finca de un farmacéutico, que acabó teniéndole miedo por su temperamento. Alguien recomendó llevarlo a adiestrar con Curtó. Este lo definió como «el mejor perro de presa ajeno que he adiestrado»: inteligente, equilibrado, valiente en la defensa y con un instinto de guarda extraordinario.
¿Un perro de presa temperamental es un perro agresivo?
No. Temperamento y coraje no son agresividad. Guanche era seguro de sí mismo y desconfiado, no un perro tarado. Con el manejo adecuado se convirtió en un compañero obediente y disciplinado que volvió a casa de su dueño bajo control. La agresividad sin causa es una patología que se descarta en la cría; el temperamento y la valentía son cualidades deseables en un buen Presa Canario.
¿Debo intentar yo solo domar a un perro de presa dominante?
No si el perro llega a la agresividad o te supera. Curtó era un adiestrador profesional —el primero de Tenerife— y sabía leer a cada animal. Con un perro dominante lo sensato es paciencia, rutina, calma y liderazgo tranquilo en el día a día, y acudir a un profesional serio ante cualquier conducta de riesgo. Un perro de presa mal gestionado no es un juguete: como decía el viejo Pancho «El Rey», al que no sabe tener un perro, mejor que no tenga perro, y menos de presa.
¿Cuál es el principio de adiestramiento de Manuel Curtó Gracia?
Que la iniciativa la lleva siempre el amo, no el perro: «el perro bien enseñado nunca toma la iniciativa». Y que al perro se le habla y se le observa como a un interlocutor —sus miradas, sus movimientos— para entablar con él un diálogo de confianza. El objetivo no es doblegar por la fuerza, sino ganarse el respeto del animal para que colabore de buena gana.

Del libro

Esto es solo una parte de la historia

Muchos de nuestros artículos nacen de «El Perro de Presa Canario, su verdadero origen», el libro de Manuel Curtó Gracia: 450 páginas de historia, documentos y polémica sobre la raza.

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