Carácter

¿Es agresivo el Presa Canario? Coraje no es agresividad

La campaña contra los 'perros peligrosos' creó una imagen falsa del Presa. La diferencia clave: agresividad es patología, coraje es valentía. Y la mayoría de los problemas vienen de los humanos.

Manuel Curtó Gracia·11 de abril de 2026·7 min de lectura
Dos niños con un Presa Canario — equilibrio en familia

Cada vez que en algún país europeo un Pit Bull, un Pastor Alemán o un Presa muerde a alguien, la prensa se llena de titulares y de "expertos" pidiendo prohibir la raza. Y se equivocan de diana.

El problema no está en los perros. Está en los humanos. Y mientras no lo veamos así, vamos a seguir teniendo desgracias y vamos a seguir prohibiendo razas que no tienen culpa de nada.

Los perros son un producto cultural

Los perros son un producto cultural, lo mismo que los caballos, las gallinas, las ovejas. Si la humanidad no existiera, estos animales tampoco existirían. Las razas caninas son como son porque el hombre las ha hecho tal cual mediante la selección. Hay perros ganaderos, perros de caza, perros para la guarda y defensa de las propiedades. Están también las razas de compañía, las llamadas falderas, que en otros tiempos también cumplían funciones diversas.

Los llamados perros de presa son tan antiguos como los perros de pastor. El perro de presa ha sido siempre un ser excepcional que ha servido al hombre milenio tras milenio. En la antigua Mesopotamia ya se les usaba como perros de agarre en la caza mayor, en la guerra como perro de ataque, en las propiedades del estado y de los dignatarios religioso-políticos para la guarda. En todos los imperios, grandes o chicos, se les utilizó en gran número.

El humano no ha cambiado

La humanidad ha cambiado y no ha cambiado, en lo básico seguimos como en los tiempos más remotos. Nuestras necesidades vitales, nuestras pasiones, nuestras ambiciones de dominio y poder siguen siendo las mismas. Nuestra cultura no difiere, en esencia, de la de los mesopotámicos, egipcios, griegos, romanos. Ya podemos rodearnos de máquinas, de libros, de títulos universitarios, de lo que queramos: nuestra naturaleza es la misma. Y por consiguiente seguimos necesitando de esos perros que de vez en cuando muerden, y en algunos casos matan.

Las razas no son el problema

Perros con desequilibrio psíquico los hay de cualquier raza. La fragilidad psíquica se da lo mismo en un caniche que en un Gran Danés, lo mismo en un Pastor Alemán que en un Pit Bull Terrier, o que en un Perro de Ganado Majorero, o que en un Perro de Presa Canario. Claro que la reacción de un perro de combate, como es el Pit Bull Terrier, con desequilibrio psíquico siempre será mucho más perjudicial para el ser humano que la reacción de un caniche miniatura.

El Pit Bull Terrier no tiene por qué ser más peligroso para el ser humano que el Galgo Afgano. Lo que ocurre es que si al primero lo sometemos a un adiestramiento intensivo con el fin de obtener de él la máxima respuesta agresiva, podemos convertirlo en una máquina de morder lo que sea. El ser humano se comporta de manera similar cuando las circunstancias lo propician.

El irresponsable, no el perro

Hay mucho irresponsable por el mundo con sus perros de guarda y defensa, lo mismo que hay mucho irresponsable suelto por ahí con un volante en las manos, y con exceso de alcohol en la sangre. ¿Alguien se ha parado a pensar en la cantidad de personas que mueren en Inglaterra año tras año debido a este tipo de irresponsables? Por ello a nadie se le ocurre decir que hay que sacrificar a todos los ingleses, afortunadamente para ellos.

Un Pit Bull Terrier puede ser peligroso, pero no más que un Perro de Ganado Majorero. Todo depende de a qué estímulos lo hayamos sometido.

Agresividad ≠ coraje

Los criadores profesionales de perros de guarda y defensa ponemos especial cuidado en seleccionar los ejemplares más aptos —entiéndase también más equilibrados— para la reproducción. Todo ejemplar retraído, miedoso, agresivo, es desechado (o al menos así debe hacerse).

No hay que confundir agresividad con coraje. Agresividad es sinónimo de patología. Coraje, temperamento, son sinónimos de valentía, de temple.

Un Presa Canario seleccionado correctamente tiene coraje: es valiente, fuerte, resistente, defenderá a su familia hasta la muerte. No tiene agresividad gratuita: no muerde por morder, no ataca sin razón, no responde al niño que le tira de la oreja con un mordisco.

Lo que hay que hacer si tu perro está desequilibrado

¿Qué hacen los particulares cuando tienen un perro desequilibrado? Esa es la pregunta clave. Muchos siguen con sus perros. Unos porque no son muy conscientes de que su perro es un enfermo mental; otros, conscientes del problema, bien porque han consultado a un profesional, o porque han llegado a esa conclusión por sí mismos, siguen con ellos porque les da pena.

¿Qué hay que hacer con los perros desequilibrados? En ningún caso aparearlos.

Los cachorros heredan las cualidades y los defectos de sus padres. Dormir a un perro enfermo no es ni complicado ni caro, ni cruel. Por otro lado, el perro no se plantea que va a morir. El perro no es consciente de la vida o de la muerte. Todo perro con desequilibrio psíquico es, en potencia, un peligro social. Lo que no podemos hacer es eliminar a toda una raza canina por el simple hecho de que algún ejemplar, por enfermedad o por irresponsabilidad de su dueño, haya atacado a un niño.

Moraleja

Dejemos de lado los planteamientos racistas y sigamos seleccionando nuestras razas caninas lo mejor que sepamos para que el índice de perros desequilibrados sea cada vez menor. Y no seamos imprudentes con los que saquemos a la calle: pensemos en los demás.

El Perro de Presa Canario no es peligroso. Peligroso es el ser humano, muy peligroso, cuando concurren ciertas circunstancias. La campaña contra los perros supuestamente peligrosos creó una imagen nefasta de buena parte de las razas caninas, que nos costará mucho superar.


Adaptado del capítulo «Los perros agresivos» del libro El Perro de Presa Canario, su verdadero origen de Manuel Curtó Gracia (Editorial Manuel Curtó, 2024). Originalmente publicado en El Día (Tenerife) el 30 de junio de 1991.

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