Irema Curtó

Historia

El verdadero origen del nombre Canarias: ¿de los perros o del euforbio?

La leyenda dice que las islas se llaman así por sus grandes perros. La arqueología y los cronistas dicen otra cosa. Cráneos de 10 cm en cuevas guanches, capellanes de Bethencourt, y la hipótesis del euforbio canariense.

Manuel Curtó Gracia·6 de mayo de 2026·7 min de lectura
Manuel Curtó Sr. con un Presa Canario adulto en Tenerife

Con mucha frecuencia oímos decir a improvisados historiadores que en Canarias hay perros (muchos y grandes) desde tiempos remotos, y que de ahí se deriva el nombre de Canarias. Uno, la verdad sea dicha, no ha estado al margen de semejante error, por lo que había oído decir.

Pero al revisar las fuentes con calma, la realidad resulta ser bastante más interesante — y mucho menos romántica para los amantes del Presa Canario.

La hipótesis de los perros gigantes

El origen del nombre Canarias se atribuye habitualmente a Plinio el Viejo, que en su Naturalis Historia lo conecta con la palabra latina canis (perro). Según esta tradición, en la expedición de Juba II hacia el Atlántico se encontraron en estas islas «canes ingentis magnitudinis» — perros de extraordinaria corpulencia — y de ahí derivaría el nombre.

«Plinio y Estacio Seboso fueron los primeros que la llamaron así (Canaria), haciendo derivar su nombre de los grandes canes que en élla se encontraron al tiempo de la famosa expedición de Juba.»
— Agustín Millares Torres, Historia General de las Islas Canarias

Suena bien. Encaja con la tradición presera. Pero hay un problema: las fuentes no lo confirman.

Lo que dicen los capellanes de Bethencourt

Los historiógrafos de Bethencourt, al describir la isla de Canaria, fueron explícitos:

«Hay en ella cerdos, cabras y ovejas, y perros salvajes que parecen lobos, aunque son pequeños.»

En el libro Le Canarien (versión Gadifer, 1402), refiriéndose a Gran Canaria, se lee: «Están bien provistos de animales, a saber: cerdos, cabras y ovejas, y unos perros salvajes que parecen lobos, pero son más pequeños». La versión Bethencourt repite la misma idea.

Es decir: los conquistadores normandos del siglo XV no encontraron canes monumentales. Encontraron perros salvajes, pequeños, parecidos a lobos. Y esto coincide con la arqueología.

Lo que dice la arqueología

En el Museo Arqueológico de Tenerife se exhiben cráneos de perros aborígenes recuperados en cuevas sepulcrales y necrópolis. Su longitud no supera los 10 centímetros. Estamos hablando de perros de talla pequeña, muy lejos de cualquier moloso.

Como escribió Luis Diego Cuscoy en su libro Los Guanches:

«El hallazgo del perro junto al amo lo hemos verificado en varias cuevas sepulcrales de Tenerife, pero ha sido en la necrópolis del Llano de Maja donde junto al cadáver del pastor [...] se halló un cráneo de perro correspondiente a un tipo de talla pequeña, con restos de momificación de pequeñas zonas con pelo corto de un color crema oscuro.»

Fray Alonso de Espinosa, refiriéndose a los perros que se comían los cadáveres tras la batalla de Acentejo, los describe como «unos zatos o gozques pequeños que llamaban cancha». Otra vez perros pequeños.

Entonces, ¿de dónde viene el nombre?

Hay otra hipótesis que muchos no conocen. Algunos autores antiguos atribuyen el nombre de Canaria al euforbio canariense — la férula de los latinos, una caña amarga conocida por Juba que escribió un tratado sobre este vegetal, dándole aquel nombre como recuerdo a su médico Euforbio. De canna derivaría Canaria, según esta lectura.

Tomás Nichols, en 1525, da por verosímil esta hipótesis y añade:

«He oído decir a sus antiguos habitantes que era así llamada (Canaria), por cierta caña de cuatro fases que crece en abundancia en el país, de la cual se extrae una leche que es un veneno muy peligroso.»

Y aún más: en la pág. 177 de la misma obra de Millares Torres se lee que «La isla de Canaria era apellidada por sus primitivos habitantes Tamarán o Tamerán, lo que parece significa en su idioma país de valientes». País de valientes — no país de perros.

Por qué importa

Esto no es una pelea académica de detalle. Importa porque el Perro de Presa Canario no es un descendiente de aquellos perros prehispánicos. La narrativa del "moloso ancestral" suena bonita pero arqueológicamente no se sostiene.

El Presa Canario, tal y como lo conocemos hoy, es una creación contemporánea — una raza definida y seleccionada en la segunda mitad del siglo XX. Es eso, precisamente, lo que la hace excepcional: no es el rescate de un fantasma del pasado, sino el resultado de cinco décadas de selección rigurosa en suelo canario.

Reconocerlo no le resta valor a la raza. Al contrario: la sitúa en su lugar real, y rinde el respeto debido tanto a los que la crearon como a los que mantuvieron viva la cinofagia y los perros de la tierra durante siglos en estas islas.


Adaptado del capítulo «El nombre de Canaria» del libro El Perro de Presa Canario, su verdadero origen de Manuel Curtó Gracia (Editorial Manuel Curtó, 2024).

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