Carácter
Cualidades del Presa Canario antiguo: serio, silencioso, temible
El Presa de los antiguos peleadores tinerfeños era serio, silencioso, desconfiado y aguantaba palos sin rechistar. Una anécdota de Santos 'El Verga' explica el temple que se está perdiendo.

¿El antiguo Perro de Presa Canario se asemejaba en lo físico y en lo psíquico a esa cantidad de perros de presa que han proliferado de un tiempo a esta parte? No. Así, a secas, me lo dijo hace unos días un antiguo peleador de perros de Tenerife.
Aquellos perros, los perros de presa tradicionales, los de la tierra, eran más serios, menos amigos de juegos, mucho más desconfiados con los extraños. Y eran silenciosos, de poco ladrar, y su ladrido era algo así como cavernoso, grave. Y no mordían sin verdadero motivo. Su simple presencia y su gruñido era más que suficiente para disuadir a cualquier extraño.
Un perro que no se andaba con bromas
Y con los perros no se andaba con bromas. No respetaba ni a los de la casa, de ahí que los cazadores tuvieran a los perros de caza fuera del alcance de los de presa, y lo mismo cabe decir de los zatos —perros pequeños de un palmo en alto sin raza definida—. Muchos pleitos entre vecinos y no vecinos, y parientes, motivaron este peculiar comportamiento de los perros de presa del país.
Un perro de presa canario aguantaba los palos que fuera sin rechistar. Y cuidado con él, que era temible adversario.
La anécdota del Valiente
Me contaba Santos "El Verga" (de La Esperanza, Tenerife) que en cierta ocasión se hallaba él en la cocina trajinando, y el Valiente —su perro de presa— estaba echado en la puerta. Cuando él fue a salir, el perro, sin moverse, sin pestañear, empezó a gruñirle, como diciendo: «No molestes, que yo estoy bien aquí».
Pero Santos, hombre de campo, hecho a bregar con los animales, ni corto ni perezoso, agarró el palo (que tenía detrás la puerta) y tras decirle al perro «¡Sale de ahí!», y viendo que el perro seguía gruñendo, se lió a palos con él. Pero el Valiente no se amilanaba. A cada palo que el hombre le daba, el animal retrocedía un paso, pero sin dejar de gruñir.
De esta guisa fueron hombre y perro hasta la vera del camino, que distaba unos treinta o cuarenta metros de la cocina. Una vez allí y viendo el humano que le tenía la partida ganada, al can le chascó los dedos y le habló en tono reconciliador. Inmediatamente el perro cambió de expresión, y mudando de actitud se fue tras él tan feliz y contento como si allí no hubiese pasado nada.
El temple del Presa antiguo
Este relato me parece a mí describe perfectamente el talante del Perro de Presa Canario antiguo. Era un perro rústico, hecho por hombres rudos para trabajos duros.
¿Se dan estas características en los perros de presa que se crían, mediante cruces, en nuestros días? En la mayor parte de los ejemplares me parece que no. He adiestrado algunos de estos nuevos perros de presa y no responden, esa es la verdad y no otra, a esas características que tanto distinguían a los antiguos presas.
Por qué se ha perdido
Y tiene su explicación. Las razas caninas, en su mayoría, se crían hoy con miras al comercio. Se presentan a las exposiciones para competir en belleza, y en la medida que los ejemplares presentados sean bellos se cotizan.
Vivimos en una sociedad de caprichosos, de modas, de inutilidad, de consumo por el consumo. Se compran perros por el mero hecho de tenerlos, o por su compañía, o por lo que sea, todo menos por su utilidad. Y claro está que estos perros no pueden (no deben) ser rústicos, o en todo caso sólo en apariencia, pero no en el comportamiento. En esta sociedad los perros deben ser sociables, delicados, mansos, femeninos.
En las exposiciones los perros tienen que saber estar. Una de las maneras, quizá la única, para que los perros aprendan a estar en estos acontecimientos socioeconómicos es que pierdan brío, energía, fuerza, temperamento.
Lo que buscamos en Irema Curtó
Producto de estos perros de exposición son la mayor parte de los ejemplares que se están utilizando para recrear el Perro de Presa Canario. Y encima, para agravar más esta realidad, no se tiene en cuenta la calidad del temperamento. Con las formas una buena parte de la afición se sacia.
En Irema Curtó seleccionamos para conservar el temple del Presa antiguo: perro serio, silencioso, desconfiado con los extraños, equilibrado con los suyos, capaz de aguantar palos sin rechistar y de cambiar el chip al instante cuando se le habla en tono reconciliador. No es un perro para todo el mundo. Es un perro para quien busque exactamente esto.
Adaptado del capítulo «Cualidades de un Presa Canario» del libro El Perro de Presa Canario, su verdadero origen de Manuel Curtó Gracia (Editorial Manuel Curtó, 2024). Originalmente publicado en El Día (Tenerife) el 21 de noviembre de 1985.
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