
Hay errores que se repiten tanto que acaban pareciendo verdad. El origen del nombre de las Islas Canarias es uno de ellos. Durante décadas, y todavía hoy, se sigue escuchando que las islas se llaman así por los perros. Que los romanos llegaron, vieron perros grandes e impresionantes, y las bautizaron Insulae Canariae: islas de los perros. La historia es redonda, fácil de contar y completamente falsa.
"Lo de Canarias no viene de los perros. Es una historia falsa, una mentira." — Manuel Curtó
Lo he dicho muchas veces y lo seguiré diciendo. No porque me importe especialmente el debate filológico, sino porque esta confusión lleva décadas distorsionando la historia del Perro de Presa Canario, y eso sí me importa.
Qué dicen realmente las fuentes
Cuando te tomas la molestia de leer las fuentes primarias —Viera y Clavijo, Bontier y Leverrier, los Acuerdos de los Cabildos— el cuadro que aparece es bastante distinto al de la leyenda popular.
Juba II, rey de Mauritania, organizó hacia el año 25 a.C. una expedición a las islas del Atlántico. Las fuentes que recogen su viaje mencionan que encontraron animales en esas islas, pero no mastines ni perros de guarda: lo que se describe se corresponde con lobos marinos o focas, animales que habitaban las costas y que eran perfectamente desconocidos para los expedicionarios norteafricanos.
Y el nombre en sí, Canarias, tiene una explicación mucho más sencilla y documentada: procede del pueblo norteafricano conocido como Canari o Canarini, que habitaba la región del actual Magreb. El vínculo entre las islas y ese pueblo es coherente con la geografía, con las rutas de navegación de la época y con lo que sabemos sobre los contactos entre el norte de África y el Atlántico. No hace falta ningún perro para explicarlo.
Los perros que había en las islas
Aquí hay otro punto que conviene aclarar porque también se tergiversa con frecuencia. Los aborígenes guanches sí tenían perros. Eso está documentado. Pero los animales que describen las crónicas no son los mastines imponentes que la leyenda coloca en el escenario. Eran perros pequeños, de talla modesta, muy distintos a lo que hoy se intenta proyectar retroactivamente sobre la historia de la raza.
Nadie con honestidad puede leer las fuentes históricas y concluir que el Perro de Presa Canario es una raza prehispánica. Son dos cuestiones completamente separadas que la confusión del topónimo ha terminado mezclando: el nombre de las islas por un lado, y el origen de la raza por otro.
Por qué persiste el error
La teoría del canis fue popular porque encajaba narrativamente. Es una de esas historias que tienen la forma correcta: una expedición romana, unos perros impresionantes, un nombre que se impone. Es memorable. Es vendible.
Y ese es exactamente el problema.
Cuando una narrativa resulta conveniente, hay gente dispuesta a defenderla sin haber leído una sola fuente primaria. En el mundo de la cinofilia, esta confusión ha beneficiado durante décadas a quienes necesitan construir un relato de "raza antigua" para justificar sus criaderos, sus líneas, sus precios. Si el Presa Canario viene de los tiempos de los guanches, si los romanos ya lo vieron y le pusieron nombre a las islas por él, entonces tienes una raza con cinco siglos de historia que respalda lo que estás vendiendo.
El problema es que eso no es historia. Es marketing con pátina de antigüedad.
Lo que dicen veinticinco años escribiendo sobre esto
He escrito durante veinticinco años en El Día sobre la historia de las Islas Canarias y sobre la historia de la raza. No como aficionado que opina, sino leyendo lo que hay que leer y citando lo que hay que citar. Viera y Clavijo no deja mucho margen a la interpretación. Bontier y Leverrier tampoco. Los Acuerdos de los Cabildos son documentos, no leyendas.
El Perro de Presa Canario es una raza del siglo XX. Tiene una historia real, documentada, con personas concretas que trabajaron para fijar su tipo, su carácter y sus características. Esa historia es suficientemente interesante y suficientemente honesta como para no necesitar adornos medievales ni expediciones romanas.
Confundir el origen del topónimo con el origen de la raza no es un error inocente. Es una confusión que lleva décadas enturbiando el debate, dificultando la comprensión de lo que realmente es esta raza y de dónde viene. Y desde este criadero, fundado en 1975 por Manuel Curtó Gracia con el rigor que siempre ha caracterizado nuestro trabajo, no vamos a dejar de señalarlo.
Si quieres conocer más sobre la historia real del Presa Canario, ver los perros y hablar sin filtros sobre lo que dicen las fuentes, puedes contactar con nosotros directamente. Llevamos más de cincuenta años en esto y no tenemos prisa, pero sí tenemos criterio.
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